jueves, 11 de abril de 2013

El enamorado y La muerte


El Enamorado y la Muerte
(Juan del Encina)

Un sueño soñaba anoche
soñito del alma mía,
soñaba con mis amores
que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca
muy más que la nieve fría.
-¿Por dónde has entrado, amor?
¿Como has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,
ventanas y celosías.
-No soy el amor, amante;
la Muerte que Dios te envía.
-¡Ay, Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!
-Un día no puede ser,
una hora tienes de vida.
Muy deprisa se calzaba,
más deprisa se vestía;
ya se va para la calle,
en donde su amor vivía.
-¡Ábreme la puerta, blanca,
ábreme la puerta, niña!
-¿Cómo te podré yo abrir
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue al palacio,
mi madre no está dormida.
-Si no me abres esta noche,
ya no me abrirás, querida;
la Muerte me está buscando,
junto a ti vida sería.
-Vete bajo la ventana
donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda
para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare
mis trenzas añadiría.
La fina seda se rompe;
la Muerte que allí venía:
-Vamos, el enamorado,
que la hora ya está cumplida.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Una que me pasó alfre

El otro día, fuí de visita a Santiago Del Estero, después de casi diez meses de ausencia por esos lugares. Como de costumbre fuí a visitar a los amigos, y esa lista que hace unos años era extensa, pareciese que el tiempo hubiese extraviado páginas enteras de ese gran conjunto de amigos, que al día de hoy podría escribir la lista completa en un boleto de colectivo. Y porqué un boleto de colectivo? Simple, cuando uno no conoce la ruta, el colectivo te puede dejar en cualquier lado, siempre que uno vaya acompañado de alguién que haya transitado ese camino y le indique el lugar correcto... En fín, todo esto era para decir que me junté con Alfre, y hablamos de nuestros proyectos, de nuestro futuro, de la misma manera que lo hacíamos hace exactamente diez años atrás, cuando recién llegabamos a Córdoba a vivir nuestra experiencia universitaria. Los proyectos, mayor o menor oropel, son los mismos, los mismos sueños, los mismos proyectos, pero con nosotros llegando a los treinta. Pasó el tiempo, y nos perdimos pocas, pero en fín nos perdimos algúnas paradas del colectivo. Señor chofer, pise el acelerador!! tenemos que llegar a tiempo a nuestro más cercano destino....
En fín, Alfre me mandó esta canción de Pink Loyd, que resume nuestras más de seis horas de charla. Se las comparto:
VIENDO PASAR LOS MOMENTOS QUE COMPONEN UN DÍA MONÓTONO
DESPERDICIAS Y CONSUMES LAS HORAS DE UN MODO INDECOROSO
VAGANDO DE AQUÍ PARA ALLÁ POR ALGUNA PARTE DE TU CIUDAD
A LA ESPERA DE QUE ALGUIEN O ALGO TE MUESTRE EL CAMINO.
CANSADO DE TUNBARTE BAJO EL SOL Y QUEDARTE EN CASA
MIRANDO LA LLUVIA ERES JOVEN Y LA VIDA ES LARGA
Y HOY HAY TIEMPO QUE MATAR Y LUEGO TE DAS CUENETA
UN DÍA DE QUE TIENES DIEZ AÑOS MÁS TRAS DE TI NADIE TE DIJO CUANDO CORRER, LLAGASTE TARDE AL DISPARO DE SALIDA.
Y TÚ CORRES Y CORRES PARA ALCANZAR AL SOL,
PERO ÉL SE ESTÁ PONIENDO Y GIRANDO VELOZMENTE
PARA DE NUVO ELEVARSE POR DETRÁS DE TI EL SOL
ES EL MISMO DE MODO RELATIVO, PERO TÚ ERES MÁS VIEJO
TU RESPIRACÍON ES MÁS CORTA Y ESTÁS UN DÍA MÁS CERCA DE LA MUERTE.
CADA AÑO SE HACE MÁS CORTO, NUNCA PARECES ENCONTRAR TIEMPO
PLANES QUE SE QUEDAN EN NADA O EN MEDIA PÁGINA DE LÍNEAS GARABATEADAS ESPERANDO EN SILENCIOSA DESESPERACION
A LA MANERA INGLESA EL TIEMPO SE HA ACABADO,
LA CANCIÓN SE HA TERMINADO, PENSABA QUE DIRÍA ALGO MÁS.

TIME, del album DARK SIDE OF THE MOON

jueves, 27 de septiembre de 2007

Los Ponjas

Todos coincidimos en que Todos los japoneses son iguales Ahora Decir que algo es igual a otra cosa, quiere decir que es lo mismo entonces, todos los japoneses son lo mismo por lo tanto he llegado a la conclusión de que NO existen japoneses en el mundo. Es decir, un Japones es todos los japoneses. Así el mismo Japonés que es maestro de Karate de Daniel San es también Jackie Chan y Bruce Lee, y el mismo Fujimori que anda con tantos problemas, por lo tanto un japonés está en todos lados a la vez, es decir omnipresente, y como Dios es omni presente, he llegado a la conclusión de que Dios es Japonés,peor aún, Dios me plancha la corbata en la tintorería de la esquina.Lord Bochás

lunes, 24 de septiembre de 2007

EL CULTO A LA IGNORANCIA

En estos tiempos que corren, cada vez le resulta más difícil a un bruto de ley mantener indemne su ignorancia. Usted camina por la calle y en cualquier esquina le sale al cruce una noción, un conocimiento, una noticia. La cultura está en acecho.
Diga que uno es un analfabeto zorro y enseguida cruza de vereda cuando ve que se avecina la ilustración.
Pero las cosas ya no son como antes para el buen alcornoque. Día tras día hay que soportar la implacable persecución de doctos de toda clase que pretenden esclarecernos de prepo. Y así, la noble estirpe de los burros corre el riesgo de extinguirse, diezmadas sus filas por la cultura, la información y otras calamidades.
Es que hoy en día la gnosis está al alcance de cualquier desgraciado. Los diarios, las revistas y la televisión contribuyen a reducir las fuerzas de las tinieblas a su mínima expresión. Ahí tienen ustedes en un programa de TV, Por ahí aparece un pelado que en cinco minutos se manda una explicación de la teoría de la relatividad que nos deja esclarecidos para todo el viaje. Y si uno piensa lo que tardaba antes un estudiante en comprender siquiera un poco este asunto, tendrá que admitir que las ciencias adelantan que es una barbaridad. Algo parecido ocurre con las revistas: la historia del Imperio Romano en tres carillas. Todo lo que usted debe saber sobre el cáncer en cuatro columnas. Evidentemente las ventanas de la ciencia y el arte se han abierto de par en par para que los paseantes se asomen y vichen durante un segundo. El progreso ha construído anchos caminos que conducen hacia el saber. Y por esos caminos han transitado millones y millones de personas que en otras épocas nacían y morían condenadas a permanecer en los andurriales de la crasitud.
Entre todas esas personas ha habido muchas de bondadosa naturaleza y de sentimientos honrados.
Pero también han recorrido el camino de la cultura numerosísimos pajarones. Y ya se sabe que no hay cosa más peligrosa que un pajarón instruído.
En ciertas épocas de la historia los secretos de la ciencia estaban rodeados de toda clase de precauciones. Los eruditos cultivaban el misterio, pues temían que los conocimientos cayeran en manos de los malvados. Hoy tal reserva es impensable. Y el auge colosal de los medios de comunicación ha permitido que los impíos aprendan impunemente la germinación del poroto. Canallas y pelandrunes manejan a su antojo asuntos de tan delicada naturaleza como la electrólisis del agua o el soneto. -¿Pero cuál es el mal que hay en todo esto? -pregunta un lectortan desorientado- ¿acaso no es bueno que la gente sepa más? -Veamos -contesta el indocto autor de esta nota.
Hay varias consecuencias lamentables en esta ilustración a destajo. La primera es que los conocimientos son absolutamente incompletos. Porque debemos confesar melancólicamente que la teoría de la relatividad que explicaba el pelado en el programa de TV no es exactamente la teoría de la relatividad. Es otra cosa. Es un cuentito de apariencia paradójica con trenes que parten y llegan demasiado rápido. Y en la historia del Imperio Romano que nos ofrece a todo color la revista "El Alma que Canta" faltan algunos episodios. Y en el fascículo cerrado "La medicina al alcance de su mano" el único consejo valioso que encontrará es la sugerencia de llamar al médico ni bien usted se sienta fulero.
Y la segunda calamidad es que a los consumidores de tantos disparates facilongos la soberbia les llega antes que la sabiduría. Y entonces nos encontramos -de golpe- con millones de personas que creen que saben y que en realidad no saben nada. Son los idiotas ilustrados. Son gente que opina sobre todas las cosas del universo sin conocer cabalmente siquiera una. Esta legión nefasta ha contribuido enormemente a la difusión del facilismo, postura mental que reduce toda cuestión a los estrechos límites de un cuadro sinóptico, o de una definición indigente. Los idiotas ilustrados tienen también su propio lenguaje. Un lenguaje que poco a poco empieza a conquistarnos a todos, pues habrá de saberse que esta morralla tiene una habilidad especial para imponer sus usos y costumbres. Esta jerga se nutre con palabras supuestamente ornamentales y que tienen la virtud de otorgar importancia a lo que se dice. Así el "conurbano" es más culto que el suburbio. "Coyuntura" es más fino que ocasión. "Inquietud" es más elegante que berretín. Para una visión más completa e inteligente de este asunto, vale la pena leer el "Diccionario del argentino exquisito" de Bioy Casares. Conviene decir ahora que estas variaciones del idioma no solo se observan en la conversación corriente o en los periódicos. La época nos conduce por senderos demenciales. He ahí otro ejemplo: "tomar senderos demenciales" en vez de "agarrar para el lado de los tomates". Como se ve, hasta los bestias más circunspectos nos dejamos tentar. En la radio, muchos locutores han cedido ante el apetito de cultura. Y así los relatores deportivos no tienen más remedio que hablar de extrañas parábolas que describen pelotas pifiadas. O de la mística ganadora de que están imbuídos los jugadores de All Boys. O de los conatos de agresión y escenas de pugilato que se verificaron en el área de Platense, mientras el juez se hacía el otario. Todo esto me alarma muchísimo, como criollo y como iletrado. Porque puede ocurrir que la tendencia siga adelante y que los chicos jueguen a la mácula deletérea en vez de a la mancha venenosa o al esfínter cochambroso en vez de al culo sucio. Pero no es el uso ridículo del idioma lo más alarmante. Hay cosas que indignan todavía más. La pedantería que obliga a avergonzarse a quien no sabe cual es la capital de Albania o el nombre del presidente de Francia. Los sabelotodos que copan los asados con teorías recién aprendidas. La veneración por aparatos tan estúpidos como la licuadora. El desprecio por las gentes sencillas y la burla a sus costumbres apacibles. Ya lo dijo Sábato algúna vez. La verdadera sabiduría es más fácil de encontrar en la gente humilde que entre esta caterva que se ha indigestado con bocadillos de cultura. Por eso, el autor de estas carillas oscurantistas se compromete a seguir firme en su ignorancia. ¿Alguien quiere explicarme el conflicto de Irán? No quiero. ¿Otro se empeña en imponerme el funcionamiento de un ciclotrón? Jamás. ¿Un tercero se ofrece a contarme la vida sentimental de las cucarachas? Que reviente.
Mis entendederas permanecerán cerradas como una piedra de granito, para satisfacción de mis familiares, amigos y favorecedores. Y mi necedad será como un borrón oscuro que se destacará entre tanto relumbrón. Porque ignorantes, lo que se dice ignorantes, vamos quedando pocos.
Alejando Dolina

Buenos Días

Un momento para reflexionar sobre nimiedades y otras cosas. Pronto empezaremos